Texto actualizado a octubre de 2021

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¿Qué es la Alianza Shire?

La Alianza Shire es una plataforma en la que participan cinco entidades del sector público, privado y universidad para desarrollar soluciones de suministro energético que mejoren los servicios y la calidad de vida de las poblaciones refugiadas. El nombre “Alianza Shire” viene de la denominación de la región situada al norte de Etiopía, donde la alianza comenzó su colaboración.

Los miembros de la Alianza Shire son las empresas Iberdrola y Signify, la fundación empresarial acciona.org, el Centro de Innovación en Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid (itdUPM) y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Además, contamos con la colaboración y participación activa de ACNUR.

La Alianza Shire es la primera alianza multiactor de la acción humanitaria en España.

Actualmente, la Alianza Shire trabaja en los campos de refugiados en la zona de Dollo Ado (Región Somalí en el sudeste de Etiopía), y sus respectivas comunidades de acogida, alcanzando a más de 40.000 personas.

¿Cómo surge una alianza de este tipo?

El impulso parte de la Oficina de Acción Humanitaria de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), aunque muchas de las personas y entidades que participamos en esta alianza ya habíamos trabajado de forma conjunta en proyectos anteriores.

La Alianza se constituye en diciembre de 2013 con el objetivo de mejorar el acceso y la calidad de los servicios de energía a la población de los campos de refugiados.

El conjunto de organizaciones y personas que formamos la Alianza Shire procedemos de diversos ámbitos, pero nos une la misión de colaborar con la comunidad humanitaria internacional, aportando soluciones más adaptadas, eficientes y sostenibles en el acceso a la energía.

¿Por qué se inicia la alianza en Etiopía?

Etiopía es un país que ha mantenido una política de puertas abiertas a refugiados y solicitantes de asilo desde hace años. Actualmente acoge a más de 900.000 refugiados en su territorio procedentes de Eritrea, Sudán del Sur, Somalia, Sudán y Yemen al tiempo que cuenta con una población desplazada a nivel interno de 2,6 millones de personas.

El país y las organizaciones humanitarias que allí trabajan, enfrentan grandes retos, incluyendo factores climatológicos y financieros adversos para la respuesta humanitaria y de desarrollo en favor de la población desplazada forzosa.

Por otro lado, Etiopía se encuentra entre los países prioritarios para la Cooperación Española y para los miembros de la Alianza Shire era importante identificar una operación que reuniera un mínimo de condiciones de seguridad que permitieran a sus entidades poner en marcha proyectos sobre acceso a la energía y asegurar la continuidad de los mismos.

¿Por qué es necesaria una alianza de todas estas organizaciones?

En línea con el espíritu del Pacto Mundial sobre los Refugiados, aprobado en diciembre de 2018 por la Asamblea General de Naciones Unidas, que aboga por un enfoque “multi-actor” en la respuesta a situaciones de refugiados, el objetivo de la alianza es encontrar soluciones innovadoras y sostenibles para el acceso a energía en contextos de crisis humanitarias, específicamente para población refugiada.

Además, todo ello lo encuadramos en el número 7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible promovidos por la ONU: “Garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos” y en el número 17: “Alianzas para lograr los objetivos”.

Así, el hecho de que los miembros de la alianza procedan de diversos ámbitos -empresa privada, administración pública, ONG, universidades- proporciona un gran valor que nos permite contar con equipos interdisciplinares, es decir, con una combinación de conocimientos que favorece la búsqueda de soluciones innovadoras.

Estamos hablando de la primera alianza de este tipo, en Acción Humanitaria, en España.

¿Qué están aportando las empresas? ¿Y qué obtienen a cambio?

Las empresas que forman parte de esta alianza cuentan con una experiencia y conocimiento en la ejecución de proyectos y la provisión de servicios de energía que, combinado con la universidad y la Cooperación Española, contribuyen a proporcionar soluciones innovadoras y sostenibles.

De este modo, las empresas se involucran en aliviar los problemas de acceso a servicios básicos en entornos muy complejos, como en los que trabaja la acción humanitaria, habitualmente fuera de su ámbito de actuación. Al mismo tiempo, avanzan en su compromiso de contribuir a un modelo de crecimiento económico sostenible.

Por tanto, se trata de una alianza en la que todos los miembros aprenden y se benefician de esta experiencia de trabajo compartido.

¿Cómo trabajáis en terreno? ¿Contáis con equipos allí de forma permanente?

Como miembro de la Alianza Shire, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo cuenta con una Oficina Técnica de Cooperación (OTC) en Adís Abeba.

Por otro lado, la Alianza Shire trabaja con una serie de socios que cuentan con infraestructura y personal en los campos de refugiados.

Tanto para el proyecto que desarrollamos hasta 2018 en la región de Shire como el que estamos desarrollando en Dollo Ado (previsiblemente hasta 2022), contamos con la ONG ZOA, con una larga experiencia en la acción humanitaria, la Agencia Etíope para Asuntos de Refugiados ARRA y, por supuesto, la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados ACNUR, que sigue siendo nuestra entidad colaboradora.

Los equipos de la Alianza Shire en España realizan desplazamientos periódicos para identificar las principales necesidades en terreno, diseñar soluciones innovadoras, intercambiar información con otras organizaciones y actores, y poner en marcha las soluciones una vez diseñadas.

Pero los proyectos de la alianza siempre cuentan con la participación de la población tanto de los campos de refugiados como de las comunidades de acogida, y esto nos ayuda a comprender mejor sus necesidades.

Entre las personas refugiadas es habitual encontrar perfiles técnicos, e incluso de formación superior, que pueden aportar un gran valor a los proyectos de la alianza. En muchos casos, se les da formación para constituir equipos técnicos que mantengan la infraestructura que se desarrolle en terreno.

Por último, trabajamos con las Woredas, que son el equivalente a los ayuntamientos donde se asientan los campos de refugiados.

¿Son voluntarios los equipos de la Alianza Shire que se trasladan a terreno?

Las actividades de la Alianza Shire son ejecutadas por personal de sus miembros dedicado al proyecto. En ocasiones, cuentan con el apoyo de voluntarios de su organización que, coordinados por el personal que trabaja en la alianza, dedican una parte de su tiempo a estos proyectos.

Lo que sí tienen todos y todas en común es que son profesionales de reconocida trayectoria en sus campos.

¿Cuál es el posicionamiento de la Alianza Shire sobre la población refugiada a nivel general?

La Alianza Shire adopta como marco de trabajo y posicionamiento la Declaración de Nueva York de septiembre de 2016, el Marco Integral de Respuesta a los Refugiados (CRRF) -que constituye la hoja de ruta del Gobierno etíope desde noviembre de 2017- y, finalmente, el Pacto Mundial sobre los Refugiados, adoptado en diciembre de 2018 por la Asamblea General de la ONU.

Este pacto busca transformar la manera en la que se responde a las situaciones de refugiados, desde una respuesta más equilibrada y con un mayor apoyo internacional para países que acogen a un mayor número de refugiados, como es el caso de Etiopía.

A su vez, el Pacto Mundial sobre los Refugiados aboga por una mayor inclusión y autosuficiencia de los refugiados desde su llegada al país, y no podemos olvidar que Etiopía acoge a más de 900.000 refugiados, la segunda mayor población de refugiados en África acogida en un solo país.

Desde la Alianza Shire consideramos que Etiopía se ha situado a la vanguardia de la legislación sobre derechos de la población refugiada con la Refugee Proclamation, que busca facilitar la integración de los refugiados y su inclusión en la vida diaria, proporcionando libertad de movimientos, permisos de trabajo y acceso a la educación, entre otros. De todas formas, las medidas concretas que se adoptarán tras la Proclamación aún están en desarrollo.

Además, esta iniciativa pretende contribuir al Clean Energy Challenge lanzado por ACNUR en 2019 y cuyo objetivo es proveer de energía limpia y sostenible a las poblaciones desplazadas.

Mensajes sobre el proyecto en ejecución

¿En qué consiste el proyecto que estáis desarrollando en los campos de refugiados y comunidades de acogida de Dollo Ado, en la frontera con Somalia?

El objetivo general del Proyecto es mejorar las condiciones de vida en los campos de refugiados y en sus comunidades de acogida, fortaleciendo las capacidades locales, creando oportunidades de generación de ingresos y mejorando el acceso a servicios básicos a través de los impactos transversales de la energía.

En concreto, se pretende conseguir el objetivo general por medio de dos objetivos específicos:

  1. Mejorar el acceso a los servicios básicos en los campos de refugiados a través del suministro de energía sostenible en los servicios comunitarios, así como con la instalación de alumbrado público.
  2. Crear oportunidades de generación de ingresos y mejorar la calidad de vida de la población refugiada y comunidades de acogida a través de la formación, creación de negocios basados en tecnología solar fotovoltaica y la distribución de Sistemas Fotovoltaicos Domiciliarios (SFD), promoviendo el empleo y el desarrollo económico.

En el primer caso, vamos a colaborar con las entidades locales para evaluar las necesidades energéticas y así poder diseñar una solución acorde tanto tecnológica como organizacionalmente.

En el segundo caso, vamos a promover la creación de empresas por parte de la población refugiada y comunidades de acogida, basadas en tecnología fotovoltaica y la distribución de sistemas fotovoltaicos domiciliarios. El objetivo es crear oportunidades de generación de ingresos y medios de subsistencia para la mejora de la calidad de vida.

La Alianza Shire también incluye una línea de trabajo de sistematización y difusión de las principales experiencias y aprendizajes que se adquieran durante el proyecto, para ponerlos a disposición de la comunidad humanitaria internacional.

¿Qué tecnologías estáis desarrollando para dar acceso a energía?

Lo primero que realizamos es un diagnóstico en terreno con las personas implicadas (refugiados y comunidades de acogida, organizaciones humanitarias, Gobierno del país de acogida del campo, etc.) para así determinar la mejor solución posible.

En el caso del proyecto que desarrollamos en los campos de refugiados de Dollo Ado (Etiopía) estudiamos soluciones para mejorar el acceso a la energía, teniendo en cuenta que estos campos se encuentran muy alejados de la red eléctrica nacional, en los servicios comunitarios, e iluminación exterior a través luminarias, así como soluciones aisladas mediante Sistemas Fotovoltaicos Domiciliarios (SFD). Los SFD se componen de un panel solar fotovoltaico, de una caja con la batería y el regulador integrados y con puertos para carga de móviles, además de varios puntos de luz.

¿Qué ocurrirá cuando el proyecto finalice?

La alianza tiene la vocación de buscar soluciones tecnológicas de acceso a energía con las siguientes características:

  • Que sean sostenibles a largo plazo
  • Que puedan adaptarse a otros contextos de crisis humanitaria
  • Que participen en el proyecto los propios destinatarios

De esta forma, tratamos de garantizar que, una vez finalizado el proyecto, este queda en manos de la población refugiada y las comunidades de acogida para mantenerlo y mejorarlo.

Con respecto al suministro de energía sostenible en los servicios comunitarios y al alumbrado público, se plantea, junto al diseño tecnológico de la solución, el diseño de un modelo de gestión que tenga en cuenta factores sociales, institucionales y económicos.  Se plantea abordar este objetivo mediante la creación de un modelo que integre una variada oferta de servicios energéticos teniendo en cuenta los factores señalados.

Por otro lado, el modelo de negocio pensado para el componente solar se ha diseñado para que los usuarios paguen una cuota por el uso de los SFD. De esta forma, se garantiza que se obtienen los ingresos necesarios para ofrecer los servicios de mantenimiento y reparación de los SFD. Así, se garantiza la sostenibilidad a largo plazo de los negocios.

¿Cuáles son las necesidades más importantes en energía ahora mismo en esos campos?

Servicios comunitarios

Actualmente, la principal provisión de energía para los servicios comunitarios (escuela, hospital, etc.) se hace a través de generadores diésel, con elevados costes y emisiones de CO2. Respecto al alumbrado público, los campos cuentan con un sistema de alumbrado solar instalado por la Fundación Ikea.  También existe una mini red gestionada por cooperativas en cada campo, dando servicio a una proporción muy pequeña de la población.

Hay falta de energía para servicios básicos como salud, educación, iluminación exterior, centros comunitarios de alimentación y cocinas comunitarias. No tener acceso a la energía frustra la mayor probabilidad de construir vidas más productivas y fructíferas.

Además, hay falta de combustible para cocinar, ya que la obtención de madera está prohibida, dado que es un recurso escaso y la competencia con el mismo supone una fuente de conflictos con la comunidad local.

Usos productivos

Por otro lado, en un entorno dinámico como los campos, la provisión de energía es esencial para desarrollar actividades productivas. La falta de ella o el elevado coste de las soluciones que se presentan actualmente pueden suponer un freno a este desarrollo económico.

Hogares

Finalmente, en las viviendas las necesidades energéticas también son varias. Aparte de para cocinar, como se mencionó previamente, la energía para la iluminación es un factor clave. Actualmente, la iluminación dentro de los refugios se hace a través de linternas o velas. Esto supone un gran coste para las familias. Además, la carga de móviles (completamente necesaria para la comunicación con sus familias en el exterior) se realiza en tiendas y también supone un gran coste. En las comunidades de acogida se demanda energía para otros servicios extra, como televisión, nevera, radio o ventiladores. Los SFD que se ofrecen cumplen con estas demandas al ofrecer uno o dos puntos de luz, carga de móvil y algún dispositivo extra.

¿En qué estado se encuentra el proyecto de la Alianza? ¿Qué se ha hecho hasta el momento?

La Alianza Shire desarrolló un primer proyecto, entre 2014 y 2017, que identificó las necesidades y dificultades para dar acceso a la energía, estudió la viabilidad de soluciones de electrificación y cocinado –mediante generación de biogás a partir de residuos orgánicos– y, con ello, elaboró un mapa de problemas y posibles soluciones a implementar en los campos de refugiados de Shire (Etiopía): Adi Harush, Hitsats, Mai-Aini y Shimelba. Esta actuación culminó con la ejecución de un proyecto piloto en el campo de refugiados de Adi-Harush en el área de Shire al norte de Etiopía, que albergaba aproximadamente a 8.000 personas. El proyecto se centró en la mejora y ampliación de la red eléctrica del campo, la conexión de servicios comunes y la instalación de más de 4 km de alumbrado público.

En 2018, después de evaluar los resultados del proyecto piloto, los miembros de Alianza Shire decidieron ampliarlo en una segunda fase a otros campos de refugiados de Shire y sus comunidades de acogida. Se diseñó una propuesta para extender la acción que se presentó a la Unión Europea, concediendo esta una subvención de 3.050.00,00 €, mediante Cooperación Delegada en el marco del Fondo Fiduciario para África-EUTF, para cofinanciar el proyecto.

Sin embargo, tras el estallido del conflicto a fines de 2020 en la región de Tigray, la Alianza Shire ha decidido trasladar el proyecto a los campos de refugiados y las comunidades de acogida de Dollo Ado, en la frontera con Somalia.

¿Por qué habéis decidido dejar de trabajar en los campos de refugiados de la región de Shire?

La selección de los campos de refugiados en los que trabaja la Alianza Shire está liderada por la Oficina de Acción Humanitaria de la AECID junto con ACNUR como entidad colaboradora. Para ello se tienen en cuenta diferentes criterios como la estabilidad de los campos, condiciones de seguridad, localización, contexto, evolución de las crisis en el momento de la selección etc.

A principios de noviembre de 2020, las tensiones políticas entre el Gobierno Federal de Etiopía y el Gobierno Regional de Tigray derivaron en un conflicto armado que afectó al acceso a servicios básicos como electricidad o combustible, a las comunicaciones y a los transportes, además de las pérdidas de vidas.

Tras realizar un seguimiento continuo de la situación en Tigray junto con ZOA, organización socia para la implementación del proyecto y con presencia estable en la región de Shire, y de ACNUR, la alianza ha decidido dejar de trabajar en la zona.

Tras la irrupción del conflicto, ACNUR junto con otros organismos internacionales y otras organizaciones internacionales y locales, han desarrollado una respuesta de emergencia en toda la región de Tigray que, por supuesto, incluye los campos de Shire.

A pesar de que la Alianza Shire no está trabajando en la actualidad en la región de Shire, ha decidido conservar su nombre como reconocimiento por el proyecto desarrollado en sus campos de refugiados, entre 2014 y 2017.

¿Contáis con el apoyo del Gobierno de Etiopía para actuar en los campos de Dollo Ado?

Sí, y además ese apoyo es imprescindible. De hecho, uno de los socios de la Alianza Shire es la Agencia Etíope para Asuntos de Refugiados ARRA. Por otra parte, los campos de refugiados están gestionados por ACNUR en estrecha colaboración con el Gobierno etíope. Cualquier acción que desarrollamos es en coordinación con ellos.

A finales de 2018, el Gobierno Etíope ha establecido una nueva proclamación de refugiados, que garantiza más derechos a la población refugiada reconocida y solicitante de asilo. Esta ley es una de las más progresistas en África, y entre los nuevos derechos otorgados destacan la posibilidad de trabajar, el registro de eventos vitales, etc.

A su vez, se ha iniciado la actuación en Etiopía del Marco Integral de Respuesta a los Refugiados (CRRF) con el objetivo de llevar a cabo la implementación de las 9 promesas hechas por el Gobierno etíope. Con ello, el Gobierno estableció la Oficina de Coordinación Nacional (NCO) en Etiopía del CRRF y se cuenta con un Plan de Respuesta de los Refugiados de Etiopía (RRP).

¿Por qué habéis decidido actuar en esta zona?

El conflicto surgido en Tigray en noviembre de 2020 provocó una suspensión parcial del proyecto que, dada la continuidad de la situación de crisis en la región, originó la decisión de dejar de trabajar en la zona y encontrar otro emplazamiento donde trasladar la operación para, así, evitar su suspensión definitiva.

La alianza, de manera consensuada con otros actores involucrados en el proyecto, como la Unión Europea y ACNUR, buscó una zona estable en términos de seguridad y donde el socio local ZOA, implementador principal del proyecto in situ, pudiera exportar fácilmente el know-how ya adquirido con el proyecto. Ambos requisitos se cumplen en los campos de Dollo Ado y sus comunidades de acogida, en la región Somalí, donde no se han registrado conflictos de relevancia en los últimos años y ZOA tiene experiencia con otros proyectos.

Además, se trata de un área propicia para desarrollar iniciativas de acceso a electricidad ya que, por un lado, hay experiencias previas en proyectos de energía y, por otro lado, es una zona donde no se contará con servicio eléctrico conectado a la red nacional ni a corto ni a medio plazo; el punto de conexión a red más cercano se encuentra a 200 km, por lo que no entra en planes de electrificación convencional existentes.

Si los campos de refugiados tienen vocación temporal, ¿por qué creáis infraestructura?

Tratamos de que los refugiados y refugiadas en estos campos tengan un mínimo de calidad de vida, aunque sea durante un tiempo limitado.

En la actualidad, lamentablemente, el tiempo de vida de un campo de refugiados está en torno a los 25-30 años, antes de que los refugiados y refugiadas pueden volver a sus países de origen.

Nuestro objetivo es que, durante este periodo, la población refugiada pueda tener una vida digna y disfrutar de los derechos humanos más elementales, en nuestro caso mejorando el acceso a la energía, que permita una correcta provisión de los servicios básicos.

Además, el nuevo marco de refugiados busca reducir la dependencia de la población refugiada de la ayuda externa y dotar a la misma de las capacidades para desarrollar medios de vida propios, para lo cual el acceso a energía es fundamental.

¿Qué es importante destacar de este tipo de proyectos?

Es muy importante resaltar las dinámicas participativas con la población refugiada, de forma que se pueda comprender y responder a sus necesidades y preferencias, para mejorar la sostenibilidad y el impacto de las intervenciones energéticas (y promover un sentido de propiedad sobre las instalaciones por parte de la población refugiada). Se trata de que sean ellos quienes aprendan a mantener estas infraestructuras y hacer un uso de ellas durante un largo tiempo.

Sobre los campos de refugiados

¿Qué problema existe en Somalia para que haya tantos refugiados de este país?

Somalia está envuelto en una de las crisis de refugiados más prolongadas del mundo. Según ACNUR, un tercio de su población vive en situación de desplazamiento forzado, tanto internamente como a otros a países de la región.

Esta población somalí es víctima directa o indirecta de la violencia por las luchas de poder entre grupos extremistas o luchas entre clanes. Muchas mujeres se convierten en las únicas cabezas de familia y tienen que desplazarse para evitar que estos grupos armados les prohíban trabajar. Además, “El Niño” y el cambio climático están afectando especialmente a Somalia, aumentando su desertificación y prolongando las sequías.

¿En qué situación se encuentran las personas refugiadas somalíes en los campos de Dollo Ado?

Alrededor de 170.000 personas están registradas en los campos de refugiados de Dollo Ado, ubicado al sudeste de Etiopía y cercano a la frontera con Somalia y Kenia (según datos de ACNUR para mayo de 2021).

Según datos de ACNUR en 2020, en los campos la distribución de la población por género es similar, siendo ligeramente superior la presencia femenina (52%). El 21% de los refugiados que vive en los campos genera ingresos a partir de su actividad económica, mientras que en las comunidades de acogida este porcentaje es del 29% y el ingreso medio de la población refugiada en los campos es de 28 dólares mensuales mientras que en las comunidades de acogida es de 105 dólares mensuales.

Muchos de los refugiados llevan una década viviendo en estos campos, por lo tanto, se hace necesario abordar necesidades urgentes, pero también fomentar el desarrollo de oportunidades.

Etiopía se ve expuesto de manera continuada a graves sequías que afectan en conjunto al Cuerno de África, y pueden afectar de manera significativa a los campos.

¿Qué implica para un campo de refugiados no tener acceso a energía?

Son muchas las implicaciones, y no siempre las más evidentes, como tener luz por la noche para leer o poder cargar un móvil.

Sin acceso a energía, la población necesita buscar combustible para cocinar, lo que provoca la deforestación de la zona y el enfrentamiento por los recursos con la población local.

También, la energía es esencial para prestar servicios de salud y tratar problemas derivados de la inhalación de gases procedentes de los combustibles. Se estima que, en el mundo, unas 20.000 personas desplazadas forzadas mueren al año de forma prematura por la inhalación de humos contaminantes durante el cocinado.

La pobreza energética es un problema persistente para la población refugiada. Alrededor del 80% de los refugiados y refugiadas que viven en campamentos tienen un acceso mínimo a energía para cocinar, calentar, etc. Y cerca de un 90% no tienen acceso a energía eléctrica.

A nivel de seguridad, la falta de energía restringe la libertad de las mujeres, ya que se exponen a posibles agresiones sexuales o violaciones cuando se mueven en espacios poco iluminados o viajan fuera de los límites de los campos para recolectar leña. Las mujeres y niñas están más seguras si pueden acceder a una fuente de energía más limpia para la iluminación y la cocina.

¿Qué se está haciendo para que la población refugiada pueda volver a Somalia, a su país?

Nosotros como alianza trabajamos con poblaciones que se hayan visto forzadas a desplazarse por diversas causas, tratando de que, allí donde estén, puedan tener unas mínimas condiciones de habitabilidad para poder cubrir sus necesidades básicas.

Por supuesto, trabajamos siempre en acuerdo con las organizaciones internacionales, agencias de la ONU y actores humanitarios con presencia en los campos, respetando los principios humanitarios: Humanidad, Neutralidad, Imparcialidad e Independencia. Es así como podemos ser más eficaces para lograr resultados para esta población.

¿Cómo es la relación entre la población refugiada y las comunidades de acogida?

Las relaciones entre la población refugiada y las comunidades de acogida se han abordado, tradicionalmente, en términos de confrontación y de competencia por los recursos naturales. En la Alianza Shire trabajamos con otro enfoque, que se alinea con los recientes cambios a nivel internacional en esta temática. La población refugiada tiene una gran relevancia en las dinámicas económicas, y un gran potencial para hacer una contribución socioeconómica significativa a las comunidades de acogida.

Por ello estamos trabajando con ambas poblaciones para aprovechar los recursos de cada una de ellas y mejorar sus servicios básicos y su calidad de vida.

Los proyectos de la Alianza Shire en campos de refugiados siempre incorporan desde el inicio a las comunidades de acogida.

La inclusión de las personas refugiadas permite contribuir a la economía local e impulsar el desarrollo de las comunidades de acogida. Si se dan oportunidades a los refugiados para sostenerse/apoyarse a sí mismos y a sus familias, pueden contribuir positivamente a las comunidades que los albergan, consiguiendo un empoderamiento mutuo, tanto social como económicamente, tal y como se promueve desde el CRRF.

Reconociendo la importancia de las buenas relaciones entre las comunidades y a la espera de disponer de soluciones duraderas, se elaborarán programas y proyectos que permitan luchar contra todas las formas de discriminación y promuevan la coexistencia pacífica entre las comunidades de refugiados y refugiadas, y las comunidades de acogida, en consonancia con las políticas nacionales. (Pacto Mundial sobre los Refugiados, diciembre de 2018).