Etiopía es el tercer país africano que acoge mayor población refugiada,
albergando a más de 210.000 refugiados somalíes.

Etiopía es el tercer país africano que acoge mayor población refugiada,
albergando a más de 210.000 refugiados somalíes.

Personas Refugiadas en África

Proyecto Solidario

Dollo Ado, ubicado al sudeste de Etiopía y cercano a la frontera con Somalia y Kenia, presenta la segunda mayor concentración de personas refugiadas de África. Alrededor de 170.000 personas están registradas en los campos de refugiados de Dollo Ado (según datos de ACNUR en mayo de 2021). El gobierno de Etiopía y ACNUR abrieron en 2009 el campo de refugiados Bokolmanyo y Melkadida en 2010 en respuesta al desplazamiento de miles de somalíes provocado por la escalada de violencia por parte de Al Shabab. En 2011 una intensa sequía generó un nuevo flujo migratorio huyendo de la hambruna y la necesidad de abrir tres campos más: Kobe, Hilaweyn y Buramino. En 2017 una nueva escalada de violencia y una sequía histórica provocaron un nuevo flujo.

La población refugiada tiene una gran relevancia en las dinámicas económicas, y un gran potencial para hacer una contribución socioeconómica significativa a las comunidades de acogida. Sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de las comunidades de acogida tienen un tamaño menor a los campos de refugiados y que el grupo étnico más numeroso en las comunidades de acogida es el somalí. Esta zona se convierte así en un centro de interconexión tanto para los refugiados como para las comunidades de acogida, que a menudo tienen familiares al otro lado de las fronteras.

Por ello, estamos trabajando con ambas poblaciones para aprovechar los recursos de cada una de ellas y mejorar sus servicios básicos y su calidad de vida.

Dollo Ado, ubicado al sudeste de Etiopía y cercano a la frontera con Somalia y Kenia, presenta la segunda mayor concentración de personas refugiadas de África. Alrededor de 170.000 personas están registradas en los campos de refugiados de Dollo Ado (según datos de ACNUR en mayo de 2021). El gobierno de Etiopía y ACNUR abrieron en 2009 el campo de refugiados Bokolmanyo y Melkadida en 2010 en respuesta al desplazamiento de miles de somalíes provocado por la escalada de violencia por parte de Al Shabab. En 2011 una intensa sequía generó un nuevo flujo migratorio huyendo de la hambruna y la necesidad de abrir tres campos más: Kobe, Hilaweyn y Buramino. En 2017 una nueva escalada de violencia y una sequía histórica provocaron un nuevo flujo.

La población refugiada tiene una gran relevancia en las dinámicas económicas, y un gran potencial para hacer una contribución socioeconómica significativa a las comunidades de acogida. Sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de las comunidades de acogida tienen un tamaño menor a los campos de refugiados y que el grupo étnico más numeroso en las comunidades de acogida es el somalí. Esta zona se convierte así en un centro de interconexión tanto para los refugiados como para las comunidades de acogida, que a menudo tienen familiares al otro lado de las fronteras.

Por ello, estamos trabajando con ambas poblaciones para aprovechar los recursos de cada una de ellas y mejorar sus servicios básicos y su calidad de vida.

Según datos de ACNUR en mayo de 2021, en Bokolmanyo residen un total de 27.439 personas refugiadas, en Melkadida 35.916, en Kobe 31.999, en Hilaweyn 38.097 y en Buramino 35.228. En los cinco campos mencionados, la distribución de la población por género es similar, siendo ligeramente superior la presencia femenina (52%) y en todos ellos existe alrededor de un 65% de niños y jóvenes. Las unidades familiares que habitan en cada campo oscilan entre 4.000 y 7.000 y en las comunidades de acogida varían entre 1.500 y 10.000.

Muchos de los refugiados llevan una década viviendo en estos campos, por lo tanto, se hace necesario abordar necesidades urgentes, pero también fomentar el desarrollo de oportunidades.

Por otro lado, Etiopía se ve expuesto de manera continuada a graves sequías que afectan en conjunto al Cuerno de África, y pueden afectar de manera significativa a los campos.

Según datos de ACNUR en mayo de 2021, en Bokolmanyo residen un total de 27.439 personas refugiadas, en Melkadida 35.916, en Kobe 31.999, en Hilaweyn 38.097 y en Buramino 35.228. En los cinco campos mencionados, la distribución de la población por género es similar, siendo ligeramente superior la presencia femenina (52%) y en todos ellos existe alrededor de un 65% de niños y jóvenes. Las unidades familiares que habitan en cada campo oscilan entre 4.000 y 7.000 y en las comunidades de acogida varían entre 1.500 y 10.000.

Muchos de los refugiados llevan una década viviendo en estos campos, por lo tanto, se hace necesario abordar necesidades urgentes, pero también fomentar el desarrollo de oportunidades.

Por otro lado, Etiopía se ve expuesto de manera continuada a graves sequías que afectan en conjunto al Cuerno de África, y pueden afectar de manera significativa a los campos.

Según estimaciones de ACNUR, la proporción de acceso a la energía es muy similar en los cinco campos y ronda el 3% de la población total.

Los campos de refugiados en Dollo Ado se encuentran muy alejados de la red eléctrica nacional y conectarse a ella es una opción muy compleja. Por lo tanto, las fuentes de energía disponibles en los campos de refugiados y las comunidades de acogida son generadores y sistemas fotovoltaicos, además de kits solares independientes y linternas solares. También existe una mini red administrada por cooperativas.

El 70% de las personas en las comunidades de acogida utilizan linternas con pilas para iluminarse, este porcentaje se reduce al 40% en los campos de refugiados.

Todos los campos disponen de un sistema de alumbrado público instalado.

Por otro lado, el uso de la leña para cocinar está causando progresivamente la deforestación en las zonas periféricas de los campos. Las mujeres y las niñas, a cargo de la recolección de leña, deben caminar distancias más largas cada vez, expuestas a riesgos de seguridad.

Además de la instalación de un suministro energético sostenible en los servicios comunes, incorporamos sistemas fotovoltaicos domiciliarios, tanto en estos campos de refugiados como en las comunidades de acogida, generando capacidades locales en forma de microempresas para su uso y mantenimiento.

Según estimaciones de ACNUR, la proporción de acceso a la energía es muy similar en los cinco campos y ronda el 3% de la población total.

Los campos de refugiados en Dollo Ado se encuentran muy alejados de la red eléctrica nacional y conectarse a ella es una opción muy compleja. Por lo tanto, las fuentes de energía disponibles en los campos de refugiados y las comunidades de acogida son generadores y sistemas fotovoltaicos, además de kits solares independientes y linternas solares. También existe una mini red administrada por cooperativas.

El 70% de las personas en las comunidades de acogida utilizan linternas con pilas para iluminarse, este porcentaje se reduce al 40% en los campos de refugiados.

Todos los campos disponen de un sistema de alumbrado público instalado.

Por otro lado, el uso de la leña para cocinar está causando progresivamente la deforestación en las zonas periféricas de los campos. Las mujeres y las niñas, a cargo de la recolección de leña, deben caminar distancias más largas cada vez, expuestas a riesgos de seguridad.

Además de la instalación de un suministro energético sostenible en los servicios comunes, incorporamos sistemas fotovoltaicos domiciliarios, tanto en estos campos de refugiados como en las comunidades de acogida, generando capacidades locales en forma de microempresas para su uso y mantenimiento.